Nuevo museo revive la historia de la guerra ruso-napoleónica de 1812

01.09.2012 13:51

 

Apuntes de Kutúzov, el cenicero hecho con el casco del caballo de Denis Davydov, el sable de Napoleón… Estas cosas y muchas otras es posible ver ahora en el nuevo Museo de la Guerra de 1812 que abrió sus puertas en Moscú.

La aparición de este museo es uno de los acontecimientos centrales de la celebración del bicentenario de la victoria de Rusia en la guerra contra la Francia napoleónica.

Lo primero que ve el visitante al entrar en el museo es un gran fragmento de pintura iconográfica, que se conservó de milagro, de la Catedral de Cristo Redentor edificada con dinero del tesoro público y donaciones del pueblo en homenaje a la victoria de Rusia sobre Napoleón y volada en 1931. Al lado se encuentra una amplia pantalla en la que se exhibe un filme sobre la época de las guerras napoleónicas. Por lo demás, cada sección de la exposición organizada en orden cronológico y que abarca el período de 1800 a 1815, es acompañada de la proyección de vídeos continuos.

“Aquí no hay cosas casuales”, sugieren los organizadores de la exposición. “He aquí el trono de Alejandro I”, dice el jefe de la sección de información del Museo de Historia Kirill Mérov, que se prestó a hacer una excursión para el corresponsal de nuestra radio.

—Entre Napoleón y Alejandro I existían relaciones extrañas, medio amorosas, en el sentido platónico. Y Alejandro pidió que se le hiciera un trono igual al de Napoleón, pero con otros símbolos. De suerte que las butacas similares se encuentran en Versalles, Francia, y en nuestro país. Un caso curioso.

Entre las muestras del museo se destacan modelos de uniforme y de armas del ejército ruso, objetos de la iglesia de campaña del emperador Alejandro I, retratos de los héroes de la batalla de Borodinó. Aparte se exponen las pertenencias del mariscal de campo Kutúzov: condecoraciones, cubiertos, catalejo, así como apuntes que hacía durante la famosa batalla de Borodinó. Se conservó la banda de la Orden de San Andrés el Primer Llamado que llevaba en su pecho el príncipe Bagratión en el momento en que recibió una herida mortal. Al lado están: cañones franceses, una cocina de campaña del enemigo, el catre de Napoleón, el trineo en el que Napoleón huyó de Rusia… Algunas muestras guardan relación con historias inverosímiles. He aquí el sable de Napoleón. El mismo lo regaló al general Shuválov, ayudante de campo de Alejandro I. Kirill Méerov aclara: esto ocurrió en 1814, cuando a Shuválov se le encargó a acompañar al emperador galo al lugar de su deportación, a Elba. Entretanto, una muchedumbre enfurecida amenazaba con reprimir a Bonaparte”.

—Napoleón regaló este sable al general ruso después de que este cambió con él su capa. ¿Por qué la trocó? Es una verdadera historia detectivesca. Se podía matar a Napoleón durante su deportación a Elba. Por eso se cambiaron sus capas, para que no se reconociera a Napoleón. Elgeneralruso, hablandosinexageración, exponíasuvida.

¡Cuántas historias sorprendentes pueden relatar cada una de las dos mil muestras del museo! Aparte las dudas: el nuevo museo no se quejará de falta de visitantes.